Propósito De Enmienda

viernes, 31 de diciembre de 2010


Muriendo el día, restando las horas,
te burlas de mí,
apoderándote del tiempo
no me dejas consumar lo que debí hacer y no hice.

Enojado,cerrando tu valija,
te llevas parte de mi vida
tras haber guardado, entre otras muchas cosas,
tantos agradecimientos
como ofensas que no fui capaz de perdonar.

Dejando a la deriva momentos de angustia,
empaquetas promesas incumplidas e intenciones quebrantadas,
porque la solidez de mi cobardía venció a la de mi proeza.

Mesando tus barbas,
aún compasivo,
aleccionas mis errores, avisándome,
de que no fuiste el culpable de mi incuria.

Y en tu débil agonía,
aún misericordioso,
una burlesca reverencia
me muestra el camino que se abre ante mí
donde sea capaz de redimirme.

Con tu adiós, viejo amigo,
me previenes:
"Existe un final en el que todo se acaba,
lo perdido ya no es recuperable".

Esta noche, en tu último segundo,
cuando me des las espalda,
no dejaré que te lleves mi único propósito.

Si volviera a recaer en mi error
habré de recordarte,
mostrado el dolor causado a la vida desaprovechada,
enmendaré mis culpas.

Un Amor de Lilas

miércoles, 29 de diciembre de 2010


Me pesaba la maleta, no es que estuviera demasiado cargada de ropa ni de zapatos, llevaba lo justo que había necesitado después de pasar un fin de semana invitada por unas amigas y volver a casa. Busqué el número asignado en mi billete y cuando encontré mi asiento, agotada, me dejé caer en él .Los pies me dolían, se me empezaban a hinchar, como parecía fueran a estallar de mis tacones decidí descalzarme. Sentí un gran alivio al liberarme de ellos y esconderlos bajo el respaldo que tenía delante de mí.

El vagón empezó a llenarse, algunos viajeros obstaculizaban el paso de otros al comprobar con lentitud que el lugar elegido era realmente el suyo. Apenas unos minutos antes de que se cerraran las puertas, un chico moreno se sentó a mi lado. No me fijé demasiado en su aspecto, mi intención era acomodarme lo mejor posible y quedarme dormida hasta llegar a mi destino, despreocupándome de tener que entablar alguna conversación con mi compañero de viaje y así acortar las horas que se me iban a hacer eternas hasta bajarme del tren.

Cruzando las piernas mi falda se encogió dejando al descubierto parte de mis muslos. Sentí frio, no había sido un buen acierto ponerme para viajar las medias negras de rejilla. La azafata pasó ofreciendo cajitas con pequeños auriculares. Cuando alargué el brazo para tomar el mío, la chica tuvo que volver a llamar la atención de mi acompañante que, con mi movimiento, parecía haberse quedado abstraído.

- Señor, sus auriculares
- Lo siento, estaba distraído, gracias señorita

Abrí la cajita, deslié los cables introduciéndolos en el agujerito de audio que se encontraba en el brazo separador de los dos asientos, pero no funcionaron, sólo un pequeño pitido ensordecedor se dejaba escuchar. Tampoco me importaba demasiado, a pesar de que había contado poder sintonizar el canal de música clásica y tener la suerte de que retransmitieran alguna pieza barroca que me ayudara a relajarme o incluso dormirme.

Mi compañero de viaje, al darse cuenta de que trasteaba los cablecillos sin ningún resultado, y había optado por guardarlos de nuevo en su funda, me ofreció gustoso los suyos.

- No van, verdad ? Estas baratijas suelen salir defectuosas y si acaso al principio se oyen, no suelen durar mucho. Compré unos buenos antes de subir.Ten, oirás mejor con ellos que con los que me han dado a mí.

Sonreí tímidamente y contesté

- Eres muy amable, no tengo tanta necesidad de ir escuchando música, tampoco veo justo que tú, previniendo que te pudiera pasar lo que a mí, hayas comprado unos mejores, y yo me aproveche de ellos. Gracias, pero preferiría quedarme con los pequeños.

Lo dije despacio, no quería parecer grosera ni que me tomara su ofrecimiento como un desprecio. Y así, pulsando quién debería quedarse con los más válidos, empezábamos una conversación que duraría la mayor parte del viaje. Era un hombre amable, de unos 45 años, y aunque su manera desenfadada de vestir no llamaba demasiado la atención, sí su aspecto extremadamente pulcro. Me di cuenta de que una pequeña cicatriz marcaba la ceja izquierda de su cara, no le afeaba, daba la impresión de que aquella señal le favoreciera para no olvidar su rostro y resultara fácil reconocerlo en el caso de pasado mucho tiempo volvieras a reencontrarte con él.

Hablamos de muchas cosas banales,y a medida que íbamos entrelazando una conversación con otra, me sentía como si lo conociera de toda la vida. Mi cansancio fue desapareciendo al igual que mi frío,y me fui sintiendo cada vez más a gusto con su compañía. No hubo preguntas personales, parecíamos una pareja iniciando un acercamiento futuro sin haber tenido un pasado.

- Te apetece tomar una cerveza?, estoy sediento y creo que tú también puedas estarlo

Acepté gustosa, y atravesando los estrechos pasillos del tren llegamos al vagón de la cafetería. Cada vez que teníamos que dejar paso a alguien que ya venía de vuelta, su mano se posaba en mi espalda, a la altura de mi cintura. Su gesto era cálido, agradable, como si al rozarme temiera hacerme daño. Nos apoyamos en la barra pegada a la ventana, y viendo pasar la arboleda que íbamos dejando atrás seguimos charlando animadamente.

Empecé a notarme atraída por él, y a pesar de no conocer nada de su vida dejaba de ser un extraño para mí. Nos mirábamos como si fuésemos cómplices de algo que ni siquiera había ocurrido ni tampoco tenía por qué ocurrir. Alegremente, tras consumir las bebidas, nos volvimos a nuestros asientos.

Me acomodé más si cabe que la primera vez que yo ocupé el mío y,de un modo encantador me ofreció respetuosamente su hombro donde apoyara mi cabeza; el efecto de la cerveza y el vaivén del tren hicieron que me venciera el sueño hasta quedarme dormida.

Me vi en una fiesta rodeada de mucha gente, saludando a personas que parecían ser mis amigos, estaba aburrida y forzada, de pronto noté que una mano fuerte cogía mi brazo y delicadamente me separaba de allí.

- Ven, bailemos

Al volverme hacia la voz que me invitaba, me encontré a mi agradable compañero de viaje. Protegida por su cálido abrazo me dejé llevar por la música. Mis pies parecían no tocar el suelo, y mientras seguíamos bailando, cerré los ojos apretándome fuertemente a su cuerpo.

- Me gusta tu perfume, hueles sutilmente a lilas, me gusta la estela que dejas cuando pasas, no es asfixiante, es tan delicado como tú.

No tenemos la facultad de elegir lo que queremos soñar, ni dónde, ni con quién, y muchos menos con algo característico. Siempre que he escogido un perfume he procurado que su aroma fuese afrutado, las lilas nunca habían entrado en esa elección.

Bailamos y bailamos hasta quedarnos solos viendo amanecer, sólo una música tenue y ese perfume de lilas nos acompañaban. Recuerdo pasear por las calles vacías dejando furtivos besos en mi cuello repitiéndome una y otra vez cómo le gustaba el olor que desprendía…

El tren hizo un movimiento brusco y me desperté, no había nadie sentado a mi lado,ni ninguna señal de que el asiento de mi izquierda hubiera estado ocupado. Sólo una caja donde van guardados los auriculares descansaba en él sin nada en su interior.
Esperé un rato con la esperanza de que mi acompañante hubiera ido al aseo, pero transcurrido el tiempo necesario, no regresó. El tren paró en una estación mientras algunos viajeros bajaban y otros subían. Una señora mayor, comprobando el número correlativo al mío se sentó junto a mí. El tren volvió a sellar sus puertas y continuó su camino.
Decepcionada, casi enfadada conmigo misma, me recriminé haber confiado en alguien que ni siquiera había tenido el detalle de despedirse despues de haber compartido tantas horas . No entendía su actitud, incluso llegué a pensar, como justificando su proceder, que lo hubiera imaginado, o quizás ,mi encuentro inicial con él, hubiera formado también, parte de ese sueño del que no me hubiera querido despertar.

Una estación tras otra me fue acercando a mi destino final. Cogí mi maleta, bajé del tren, y algo desencantada atravesando todo el andén , llegué hasta donde me esperaba mi hija.Ella, amablemente, se había ofrecido para recogerme y llevarme de vuelta a casa.

Pasaron varios meses y aunque el recuerdo de aquel chico seguía vivo en mi interior, al final quedé convencida de que todo lo había imaginado y mi vida transcurrió como siempre .
Llegó la fecha de mi cumpleaños, nunca lo celebraba pero sí aguardaba con ilusión los regalos que pudiera recibir. Mi hija, tras abrazarme cariñosamente y con una graciosa sonrisa me entregó una cajita adornada con un lazo dorado.

- Feliz cumpleaños, mami !

La abrí cuidadosamente sospechando que era un frasco de perfume y allí, dentro de ese bonito envoltorio apareció una botella preciosa donde en su adornada etiqueta se leía “ UN AMOUR DE LILAS “
Mi cara de sorpresa alertó a mi hija temiendo que ya lo conociera y no me pudiera gustar.

- Huele muy bien, mamá, intenté comprarte el que usas habitualmente pero estaba agotado, dudé entre varios que me ofrecía la dependienta pero me pasó algo muy curioso. Un señor que aguardaba su turno para ser atendido detrás de mí, al ver mi indecisión, me dijo:

- Sé que es para tu madre

- Sí- contesté sorprendida

- Entonces elige éste, le gustará

- Su fragancia no era muy fuerte, me gustó, por eso le dije a la chica de la perfumería que me lo envolviera y cuando me volví para marcharme y darle las gracias a ese hombre por haberme ayudado, ya no estaba, había desaparecido!


Intenté no descubrir mi asombro de mi secreto guardado,y simulando simple curiosidad le pregunté a mi hija:

- Quién era, lo habías visto antes?

- No, nunca lo había visto , era esa clase de hombre que te podría gustar a ti, aunque llevaba una cicatriz en la ceja, pero no le quedaba mal.

Mi corazón dio un vuelco, abracé a mi hija agradeciéndole el regalo y abriendo el frasquito, dejé caer unas gotas en mi muñeca. Olía a lilas, ese mismo perfume de lilas que me hicieron disfrutar de aquel atesorado sueño.

Una Absurda Venganza

viernes, 24 de diciembre de 2010


Aquella mañana, por fin, había conseguido sustraer del armario de mi hermana la ansiada blusa azul que tantas veces le rogué me prestara y cuya contestación era siempre una sentencia

– Ni se te ocurra probártela

Llegado el caso de que no pudiera devolverla a su ropero antes de que ella volviera a casa,no me costó demasiado convencer a mi madre de que fuera
cómplice de mi atrevimiento.Y así, muy contenta con la falda escogida, alisé mi pelo, me abrillanté los labios y me fui a clase. Estaba convencida de que el color de aquella blusa me favorecía enormemente y de que ese día, al contrario de lo ocurrido con todos los anteriores, no iba a pasar desapercibida para el chico de mi sueños.

La música que empezó a sonar en el patio del colegio deshizo los grupos que formábamos los estudiantes charlando alegremente y, casi en tropel,entramos en las distintas aulas.

Yo siempre me sentaba en la penúltima fila de los viejos pupitres, él en la segunda .
Era un alumno ejemplar, de ésos que los menos aplicados llamábamos empoñones. Apenas podía ver desde mi asiento una parte de su brazo y mechones de su pelo, ese pelo largo que le cubría hasta los hombros y al que yo tanto deseaba acariciar.

La profesora de historia, con su cansina voz, empezó a pasar lista .Uno tras otro, a modo de letanía, fue mencionando a todos mis compañeros , y mientras eso ocurría , mi corazón latía con tal fuerza que me apretaba el pecho con la mano por temor fuera a salir disparado.
Tras escuchar su nombre,se silenciaba para mí la voz de la maestra comprobando la asistencia de los restantes, sólo el suyo seguía retumbando en mi cabeza, al mismo compás de los latidos que sentía en mi interior.
Con esta ansiedad, clase tras clase, en cada asignatura que coincidía con él, se multiplicaba una y otra vez aquella arritmia.

Acabada la hora, sonó el timbre y el hechizo que pensaba le iba a causar mi blusa no hizo efecto. Pasé por su lado temblándome las piernas por ver qué impresión le causaba y , como siempre, me volví invisible. Este episodio era uno más de los que se repetirían, sucesivamente, a lo largo de todo el bachiller.

Llegado el periodo de vacaciones, al contrario de mis amigas que celebraban alborozadas el final de curso, para mí era un tormento, pasarían dos largos meses sin volver a verle y, tímidamente, acercándome a él,cada primavera le preguntaba si el próximo seguiría en ese colegio.
Un gélido gesto de indiferencia levantando los hombros y arqueando la boca mientras miraba a otra parte que no era yo,marcaba su respuesta.

Y así todos aquellos años que compartimos en la formación de nuestra educación, mi amor por él iba in crescendo y su indiferencia hacía mí también.
Finalizados los estudios en ese centro, la vida nos llevó por distintos derroteros,yo conseguí una trabajo, me casé, formé una familia, y luego,
por avatares del destino, mi estado civil fue... sin pareja.
De él no volví a saber más. Anteriormente había buscado sus señas muchas veces en el listín de teléfonos , esperando encontrar alguna referencia que me informara de su ocupación, ubicación, pero nunca la hallé.

Andando el tiempo pasaron más de veinte años.Una tarde, acabada la jornada de trabajo, quedamos una amiga y yo a tomar un café . Era viernes, la cafetería estaba atestada de gente y al fondo del local conseguimos una mesa vacía. Dejé el bolso, me quité el abrigo y encendí un cigarrillo.

Al ver la tardanza en servirnos, pregunté a mi amiga qué le apetecía tomar y ofreciéndome voluntaria fui a pedir nuestra consumición.
Tras un rato de charla de esas cosas que solemos hablar las mujeres, mi amiga bajando la voz me dijo

- Hay un chico en la barra que no te quita ojo, está hablando con otro que tiene a su lado, pero estoy segura de que no se está enterando de lo que le dice, sólo asiente con la cabeza mientras te come con la vista.

Me eché a reír sin darle demasiada importancia pero mi curiosidad fue mayor que mi indiferencia , disimuladamente, como apartándome el pelo de la cara, me volví , y entonces le vi.

Al mismo tiempo que notaba subír un fuego por mi cara, sus ojos y los míos se encontraron. Giré de nuevo la cabeza donde estaba mi amiga y continué hablando con ella como si no pasara nada.

-Viene- escuché
_ Qué?- dije, apenas me salía la palabra
_ Que viene hacía aquí- respondió

Y antes de que pudiera preguntar nada más, con aire entre tímido y resuelto se presentó ante mí.

- Perdonad, me dais fuego?
- Claro, ten - contestó mi amiga

Encendió el cigarro sin dejar de observarme, mientras yo,disimulando mi aturdimiento, en la medida que pude,comprobé que no llevaba anillo, que había aumentado de peso,lucía el pelo más corto, sus entradas se habían encanecido, aunque permanecía igual de atractivo.

- Hola, me llamo Andrés- dijo ,

Bastante cohibido se dirigió a mí

- Puede ser que tú y yo nos hayamos visto antes?, no estoy demasiado seguro,quizá porque pienso que a una chica tan guapa , no me hubiera resultado fácil olvidarla...

Y con una amplia sonrisa,ahora más relajado continuó con su monólogo

-A mi amigo y a mí nos gustaria invitaros,y si tú y yo no nos conocemos, ésta podría ser una buena ocasión...

Su voz sonó tal y como yo la recordaba. Entonces, como si de la erupción de un volcán se tratase, salieron mis palabras de mi boca

- No, nos conocemos de nada, creo que te has confundido, gracias por la invitación pero estamos a punto de marcharnos, lo siento...

Me conozco cuando soy desagradable,y esa impresión tuve que causarle, pues dando un paso atrás, y con gesto algo avergonzado sólo se atrevió a decir

- Bueno,sí, perdona, me habré confundido… gracias por el fuego

Mi amiga me miró totalmente asombrada recriminando esa actitud mía

- Hija, qué antipática has estado, como si el pobre hombre hubiera dicho algo incorrecto !

Repentinamente como si me hubiese liberado de un peso cargado durante muchos años,sin saber muy bien por qué, una inmensa alegría me invadió.

Me sentía vengada, casi superior a él. Era mi venganza por todo aquel tiempo que fui ignorada,por sus imperceptibles saludos, casi obligados, cuando nos cruzábamos por los pasillos de clase; por tantas y tanta veces que me hizo parecer invisible y por aquellas vacaciones escolares martirizadas por su ausencia , aún sabiendo que él ni se acordaría de mi persona. Vencedora de una contienda que había perdido durante muchos años, no quise darle la oportunidad de reconocerme.

Ese sueño de que alguna vez fuera él quien se acercara a mí,se había cumplido,pero ahora ya no me importaba, ni siquiera lo que pretendía. Ahora era yo la que le daba la espalda.

Ganaba la partida una absurda venganza.
-

La Novia Blanca

miércoles, 22 de diciembre de 2010


Custodio entre mis sueños un palacio,
un palacio aluzado por estrellas de plata,
bajo el amparo de una blanca luna
me prometías amor hasta llegado el alba.

Y en mi ensueño revivo una inmensa llanura
tapizada de flores,
de margaritas blancas,
donde tantas veces, a lomos de tu silla,
aferrada a tu cintura cabalgaba.

Y me dejo llevar por ese sueño
cuando en el río,
desnudos cuerpo y alma,
solíamos bailar enamorados
compartiendo caricias que nos mandaba el agua.

Y recuerdo el denuedo de la lluvia
golpeando en la ventana,
celosa de que envuelta en el armiño,
al calor de tus besos me abrasaras.

Mas nubes de dolor condenan este sueño
al recordar tu adiós
una mañana lóbrega, una mañana helada,
porque marchabas a luchar con los tuyos
en tierras renegadas.

Y te fuiste...
y en mi pena quedaba
la promesa de amor que volverías
vencida la batalla.

Cuántos días conté !,
cuántas horas bordé
en esa amarga estancia
blasones en tu capa.

Como escudo mi rabia,
Como hebras mi pelo,
como perlas mis lágrimas.

Como una novia blanca...

Aún recuerdo sonar los clarines
de tu ansiada llegada...

Extasiada adorné mis cabellos,
engalané mi falda,
me juré sellar mis reproches
porque un día te marcharas.

Incensé aquel tálamo frío
tan desnudo,tan yermo,
donde luego me amaras...

Mas no quiero soñar...
oh, recuerdos.
desertad de mi pecho vencido !

Ya no quiero llegar al instante de esa noche estrellada
que la luna maldita me trajo de ti
lo que de ti me dabas,
la sonrisa de la muerte en tu beso,
tu cuerpo yerto, inerte,
tu ropa ensangrentada.

Una pizca de mí

lunes, 13 de diciembre de 2010

Decir que soy nueva en estos lares no es del todo cierto, hace mucho tiempo que abandoné la costumbre de escribir, quizás porque no lo necesité, o, al menos, no con la misma intensidad que hace unos años. Busqué siempre una válvula de escape en determinados momentos de mi existencia, sobre todo en los más difíciles y la única que encontré para poder continuar con la vida, fue sentarme frente a un montón de papeles en blanco, y así, rellenando hoja tras hoja, me iba deshojando a mí misma de aquello que me angustiaba. Hoy, con más madurez, con más experiencia, grados de conocimiento que permiten a uno estar de vuelta de muchas cosas, no sé qué gestaré,no sé cómo saldrá pero, por lo menos, quisiera retomar ese hábito abandonado, en prosa o verso, de la manera más sencilla y natural que sepa hacerlo. A ver si es verdad que soy capaz de capear este mistral.