Corazón Descorazonado

jueves, 22 de septiembre de 2011


Sonó el despertador y permaneció escondida entre sus sueños. Acariciando su precioso pelo, robé su descanso para obligarla a un futuro prometedor.

- No quiero ir, mami, hoy no quiero ir...

Intentando calmar su angustia, prometí su divertimiento con los demás niños, celebré que aprendería cosas nuevas que le iban a entusiasmar. En silencio, con sus somnolientos ojos desafiantes se dejó vestir. Preparada para su encierro, salimos de casa mientras el frío nos daba los buenos días. Y llegadas al colegio , apenas pude escuchar su adiós, mientras me miraba aguantando una lágrima que osaba resbalar por su carita. Solté su mano regalándole una sonrisa con la esperanza de que confiara en mí, y  callada y triste se perdió tras la puerta entre la algarabía de los niños, quedando yo, con su corazón descorazonado dentro del mío...

Han pasado muchos años,  hoy, antes de entrar al trabajo, me crucé con una madre y su hija y reconocí esa misma mirada de miedo en la niña, mientras aquella mamá le hacía la promesa que yo le hice un día a la mía.

Todo era por un prometedor futuro...Con los tiempos que corren,  dónde está guardado ?

Cuando Necesitamos el Sur para Poder Ver el Norte...

lunes, 5 de septiembre de 2011


Las Flores de Mi casa

sábado, 6 de agosto de 2011

Fenecieron las flores que adornaban mi casa
deshojaron los pétalos perdiendo su perfume,
las cuidé con amor  como me fue posible,
en vano mi cuidado, las regué con mis lágrimas...

Deshojando La Soledad

viernes, 6 de mayo de 2011

Macrina cerró la puerta de su casa muy despacio. En su mano temblorosa guardaba las nuevas pastillas recetadas por el doctor.

- Verás como te encuentras mejor, son las últimas que han salido al mercado y con unos resultados excelentes, no olvides tomar una por la mañana y otra antes de irte a dormir.

La voz del galeno había sonado  esperanzadora, como tantas otras veces. Sacó el bote de la caja donde iban guardadas y lo colocó al lado de los demás. Desvistiéndose cuidadosamente, dobló su falda sobre el respaldo de la silla de su dormitorio y tras quitarse su blusa negra , su viejo vestido de andar por casa cubrió su ajado cuerpo. No tenía preparado nada para cenar, tampoco le importaba demasiado y acercando su vieja mecedora junto a la ventana de su salón, dejó caer en ella su cansancio y su tristeza. Estaba sola, los hijos habían salido del pueblo hacía  tiempo y sus vidas ya no eran compartidas con la suya. Aunque la llamaban de vez en cuando por  teléfono con la misma promesa de siempre ...pronto iré a verte, mamá.Cuídate.
No era una mujer de estar comadreando con las otras del pueblo, su vida había sido su marido y el cuidar de sus hijos . Sus recuerdos eran su única compañía y a veces, curaba su soledad, abriendo los cajones de la vieja cómoda, hoy vacíos, acariciando una ropa, ya inexistente.
Cerrando sus ojos se meció lentamente hasta que el reloj dio las once campanadas. Levantándose, fue a la cocina y con un vaso de leche en la mano se acercó al armarito donde estaban sus medicinas. Sacó el nuevo frasco recetado por el doctor, mirando la nueva pastilla milagrosa de un azul intenso .

- Ya tengo de todos los colores- pensó. Y un pensamiento parpadeó en su mente.

-Quizás este arcoiris de tabletas me podría llevar al mismo cielo donde está mi marido. Mis hijos  nunca más tendrán que preocuparse por esta pobre vieja.

Con  más decisión que con miedo dejó caer en su mano varios de esos  pequeños guijarros curativos.

Macrina introdujo en su boca una a una las pastillas, el sabor era amargo y cuando se disponía a beber la leche  que había en el vaso, sonó el teléfono. Vacilando se preguntó quién podría llamarla tan tarde... y si era alguna de sus hijos?, y si la necesitaban?

Sacando con cuidado las pastillas de su lengua, descolgó el auricular.

- Abuela?
- Abuela, me oyes, estás ahí?

Su corazón empezó a palpitar.

- Díme, hijo, claro que estoy aquí.

- Abuela, apenas te oigo, soy Raúl!, escucha, he acabado ya en la universidad y he pensado que podría pasar el verano allí en el pueblo, contigo. Así me encontraré con mis amigos de la infancia pero prometo no darte trabajo y darnos esos paseos  como hacíamos antes.

Macrina ocultando su temblor , contestó con voz profunda.

- Pues claro que puedes venir, hijo, estaré encantada de cuidar de ti, de cocinar lo que te gusta, de pasear a tu lado...Cuándo vienes, cuándo?

- Abuela, no tendrás mucho quehacer conmigo, te lo prometo, el vivir fuera de casa me ha enseñado a organizarme. El sábado, llegaré en el autobús de las siete.

Macrina llena de felicidad, se despidió de su nieto. Recogiendo todos los tarros de pastillas,  parsimoniosa, los fue tirando  a la basura.

- Donde habré puesto yo mis rulos calientes?!!- gruñó.

El autobús llegó puntual a la plaza. Raúl, sonriente, corrió hacia su abuela que lo esperaba dichosa con su pelo perfectamente peinado y perfumada de Heno de Pravia...

Requiem Por Un Sueño

viernes, 25 de marzo de 2011

Archivando expedientes, ordenando documentos sonó el teléfono.

- Hola, buenas tardes, quisiera hablar con Ana

- Creo que te has equivocado, no hay ninguna Ana en este despacho

- El número de teléfono al que llamo corresponde a una tal Anna Karenina, no es ahí?

Durante unos segundos mi mente se trasladó a un siglo que no me corresponde o quizás sí... El personaje de Tolstói marcó tal sentimiento en mí, que apoderándome de su nombre lo utilicé para mi correo electrónico.
Aclarada la confusión al agente comercial, continué con mi trabajo y todo lo que me restó de tarde dejé de ser Carmen en mi imaginación.

A veces se puede perder todo por un sueño, hasta la propia vida.

A Qué Saben Los Besos

viernes, 18 de marzo de 2011

 Echada en la hierba remango mi falda, permitiendo,
que el sol me ciegue los ojos,
que la brisa me mese el cabello.

Un verde racimo  de uvas entrelazan mis dedos.

Descepando uno a uno su fruto,
cayendo en mi senos,
invento  que estás junto a mí
y el deseo me incita a pensar a qué saben los besos.

Tu sombra me sirve de espejo
te veo... te siento...
y en mi juego,deshojando el racimo,
lo dejo caer donde yaces,
recogiendo esmeraldas de néctar
mi boca recorre tu cuerpo.

Caprichoso, otro grano se prende en tu pelo
tentándome así, a que pruebe el sabor de su dejo.

Al morderlo,el jugo fresco,
abriéndose en canales se va perdiendo.

Mi lengua, ansiosa, va relamiendo
el divino dulzor generado en tu cuello.

Sabiéndome  a poco,siguiéndome el juego,
vas dejando escapar otra perla lujuriosa
que yo encuentro.

Voluptuosa, aún anclada en tu pecho,
espera pacientemente,
que al yo intentar alcanzarla,
ir a morir en la cuenca de tu vientre.

Sedientos de sed mis labios
enloquecida en mi empeño,
cual manantial de amor  por ti ofrecido,
relamen el tierno grano yacente en tu ombligo.

Y empapándote de mí,
absorbiendo cada uno de tus poros abiertos
logro alcanzar el último fruto
que, lascivo,
has prendido como meta entre tus dientes.

Aferrándome a ti,
como si temiera perder el equilibrio que en ti encuentro,
muerdo, bebiendo,
el sabor que me pierde,
descubriendo,
el licor al que saben tus besos.

La Meiga

viernes, 11 de marzo de 2011

Este poema lo escribí hace muchos años.

Por las tierras del norte me contaron
una historia de brujas y de meigas...
" siempre atentos"....decían,
" tened cuidado ",
" no las mires jamás si las encuentras ! "

Pero el bosque me envuelve con su magia,
con los árboles que avanzan hasta el cielo,
con sus duendes, ardillas y esos lobos
que el Creador se empeñó que fueran fieros.


Y la ví...junto al fuego, arrodillada,
entre el humo que nacía de su marmita,
removiendo con cuidado su puchero
de raíces de león y de romero.

Eran verdes sus ojos como el trigo,
del color de la nieve su cabello,
mas el triste semblante de su cara
al más débil mortal quitaba el miedo...

Y la tarde se enfadó tan de repente
que la lluvia lloró...
Sus viejos brazos
y sus piernas heridas por las zarzas
apenas se movieron lentamente.

A una gruta que cerca se encontraba
la llevé con amor,
le dí cobijo
y clavándome en los ojos sus dos lágrimas
me abrazó susurrando..
" sabía yo que Dios me mandaría
para morir los brazos de aquel hijo..."

Desde entonces deambulo por los bosques
y las fieras se agachan a mi paso,
al llegar al lugar del dulce encuentro,
junto al viejo puchero abandonado
medra el romero en flor y el verde espliego.